Touché & Dj Vielo en Malabar: la noche en la que Valencia dejó de ser solo una ciudad Erasmus.

Noeline Guidon

El pasado 01 de MAYO de 2026, a las 18:00 horas, la sala de Malabar en Veles e Vents fue testigo del inicio del verano con la comunidad Touché, sus Djs residentes y Dj Vielo.

Hay noches que una no planea y que, sin embargo, terminan diciendo mucho más de una etapa de la vida que cualquier plan perfectamente organizado. Así fue la del 1 de mayo en Malabar, en Valencia, donde Touché convirtió una fiesta frente al mar en algo más profundo: un punto de encuentro, una sensación de pertenencia, una forma inesperada de sentirse un poco menos lejos de casa.

La noche tuvo precisamente ese sabor. El de los descubrimientos que llegan casi sin buscarlos, en el momento justo. Lo que parecía una salida más terminó convirtiéndose en una experiencia mucho más íntima: la de encontrarse, en plena costa valenciana, con una comunidad francesa viva, curiosa, abierta… con esa manera tan nuestra de mezclar ligereza y profundidad sin darnos cuenta.

Esa mezcla de emoción, búsqueda y libertad se sentía en el aire durante toda la noche

Y después llegó el momento de DJ Vielo.

Su set marcó un cambio claro. Más intensidad, más conexión, más verdad. Las transiciones eran limpias, los ritmos irresistibles, y la reacción del público fue instantánea. En ese momento, todo se volvió muy simple: estábamos ahí, juntos, completamente dentro.

Y quizá ahí es donde la experiencia se vuelve realmente especial. En esa sensación de estar rodeada de desconocidos y, aun así, sentir que durante unas horas todos compartimos exactamente lo mismo.

Tal vez por eso la noche tocó algo tan profundo. Porque resume muy bien lo que significa vivir un Erasmus en Valencia: descubrir lugares que parecen irreales, dejarse llevar por planes que no estaban previstos, encontrarse con personas que vienen de lugares distintos pero sienten parecido. Estudiar, aprender, salir, explorar… e intentar entender qué hacer con todo lo que está pasando por dentro.

Touché consiguió algo más que organizar una fiesta. Creó un espacio. Un lugar donde el idioma, la música y las ganas de vivir coincidían de forma natural. Para quienes estamos lejos de casa, eso tiene un valor especial.

Al final, eso fue lo que me llevé de esa noche. No solo el mar, ni la música, ni la belleza del lugar, sino la sensación de haber reconocido algo propio en los demás.

Y quizá ahí esté la fuerza de ciertas noches: empiezan sin expectativas… y terminan convirtiéndose en recuerdos que explican una etapa entera.

Redactado por: Noeline Guidon